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La física cuántica y su relación con la biología







Mecánica cuántica en sistemas biológicos
La biología cuántica puede considerarse como la evolución natural de la biofísica, esa rama que estudia el comportamiento y la dinámica de las moléculas y estructuras más elementales de los seres vivos (Ej.: el plegamiento de las proteínas, la elasticidad del ADN, la fuerza protón motora, las cadenas transportadora de electrones, la fluidez de la membrana celular, la naturaleza de los impulsos eléctricos, la percepción de los colores, etc.).
Brújula biológica
Un ejemplo del efecto cuántico en los sistemas biológicos se da en el sistema de navegación de ciertas aves, tortugas y hasta en la mosca de la fruta (magnetorrecepción). Los criptocromos son unos fotorreceptores que capturan la luz de longitudes de onda que van de 380 a 450nm (entre la UV y la azul). Por un mecanismo aún desconocido, cada vez que un fotón de esta longitud de onda golpea los criptocromos se genera un par de electrones con espines (momento angular o rotación) entrelazados, una propiedad típica de la mecánica cuántica.
Fotosíntesis cuántica
En el 2007, se descubrieron los primeros indicios del efecto cuántico en la fotosíntesis. Cuando dispararon brevísimos pulsos de rayos láser al complejo Fenna-Matthews-Olson (FMO) —un proteína presente en bacterias verdes del azufre como Chlorobium tepidum que se encarga de recolectar la energía de los fotones de luz y transferirlos a los centros de reacción fotosintética— se observó que la energía se transfería por coherencia cuántica.

Se dice que es una evolución natural porque la biofísica actual aún se basa en los principios establecidos por la mecánica newtoniana, algo que como vimos párrafos atrás ya no puede ser aplicado a un nivel tan elemental como es el mundo de las moléculas y los átomos.

Sentido del olfato
Nadie podía explicar cómo podemos ser capaces de reconocer miles de olores diferentes con menos de 400 receptores olfatorios. ¿Será que la mecánica cuántica vuelva a tener la respuesta?. De manera sencilla, la principal teoría que explica cómo olemos nos dice que cada molécula o parte de ella (odotipos) es reconocida en base a su forma (disposición de sus átomos) por un receptor en particular, formando un mecanismo del tipo ‘llave-cerradura’. La combinación de receptores activados genera un determinado olor.
Lamentablemente esta hipótesis ‘colapsa’ cuando se le pregunta: ¿por qué diferentes moléculas pueden tener el mismo olor o moléculas similares pueden tener olores diferentes?. Un pequeño grupo de ‘herejes’ piensan que el olor no depende de la forma de la molécula sino de la vibración de sus enlaces, un fenómeno explicado por la mecánica cuántica.

Esta teoría de las vibraciones fue introducido allá por 1930 pero fue reforzada experimentalmente por Luca Turín en 1996. De manera sencilla dice que la vibración de las moléculas se empalman con los estados de energía de los electrones de los receptores olfatorios a través de un fenómeno conocido como túnel de electrón inelástico. La energía cinética del electrón no es lo suficiente como para atravesar un determinado estado de energía, así que excava un ‘túnel’ a través de él permitiendo activar el receptor olfatorio.


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